The Visit: el cuerpo y lo ausente

 El horror es el propio cuerpo

Hay varias escenas en The Visit que me parecen despiadadas incluso crueles pero también valientes. Pienso en The Visit como una película que se lleva a sí misma hacia adelante. Es casi una película que flota sobre sus propias imágenes, quizá esto se deba al tono meta-cinematográfico que le otorga toda la parte de footage grabado por Becca. Me pregunto por qué es tan violenta  y de dónde viene el terror que sin duda provoca su visionado. Shyamalan tan acostumbrado a tocar las teclas que hacen saltar las alarmas del subconsciente colectivo, se sitúa con The Visit en un plano muchísimo más íntimo pero no por ello menos universal. Más íntimo porque ese trauma al que apela en el film se cierne sobre el propio cuerpo, “tengo un ataque de oscuridad”, dice la abuela en un momento determinado del film, llevándose el pañuelo al cuello y en un intento, simulacro o no, nos da igual, de ponerse fin. Lo valiente del gesto reside en Shyamalan en mostrarnos ese cuerpo como una imagen de nosotros mismos.

 

“He ahí una imagen de tu propio cuerpo, Becca. -Te atraparé- les dice la abuela a los nietos cuando los persigue, como si ella ya trabajará para el otro lado,”. Es un “mírame y no me des la espalda, porque este cuerpo que ves, será carne de tu carne“.

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Shyamalan sitúa en The Visit el horror, no solo en el visionado fugaz, abrir ver y cerrar la puerta, el terror esta vez es la certeza que se prolonga más allá del parpadeo. Es el convencimiento de que ese cuerpo viejo existe, y convivimos con él y con las marcas devastadoras que deja a su paso.

Shyamalan ha abierto la puerta y nos ha hecho mirar, allí al fondo de la imagen, igual que si miráramos al fondo de nuestro propio cuerpo, al enfocar, vemos un cuerpo viejo que arañas paredes.  Continúo mirando y veo un cuerpo que se caga y se mea, un cuerpo que se toca y se siente extraño, un cuerpo que en definitiva, no se reconoce. Un cuerpo desmemoriado, un cuerpo sin conciencia de ser cuerpo, un cuerpo que se siente ajeno y se vomita. Un cuerpo al que se solo le faltan antenas para sentirse a cada momento más alienígena y menos humano. 

Esa reflexión de Shyamalan entorno a “lo completamente otro”, convirtiendo la imagen del cuerpo viejo en un anuncio de la muerte, y cuya visión hiere de muerte, es quizá uno de los discursos más potentes que tiene The Visit (aquí lo universal que citaba antes).  

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Después de jugar (jugar es por antonomasia una actividad de niños), la abuela que ha estado persiguiéndoles  a través de los cimientos de la casa, abandona la escena dándoles la espalda. Durante unos segundos Shyamalan filma a la abuela abandonando la escena por las escaleras, entonces se ve como la falda se ladea dejando al descubierto una nalga. Esta escena se compone de dos momentos diferenciados, el primero corresponde al momento justo en el que Tyler y la abuela han salido de debajo de la casa.

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La cámara que filma es la de Becca, el ángulo del plano corresponde a un plano aberrado. Nieto y abuela comparten el mismo espacio, (otra vez la idea de los dos equipos, joven vs. viejo), pero como a lo largo de la película algo deviene extraño, como si ese cuerpo joven y viejo se negaran a compartir el espacio que ocupan, como si pujaran por hacerse con el control del espacio.

El segundo corresponde a la abuela alejándose. Shyamalan filma a la mujer anciana enseñando el culo mientras sube las escaleras, para Tyler (y para el espectador) no será ésta la última vez que el cuerpo viejo, el otro-cuerpo, el completamente otro, se apoderé del centro de la imagen, haciéndose así más visible y apoderándose de ese espacio, el cuerpo es una huella de lo inevitable.

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Los niños reaccionan ante esa visión del horror. Lo hacen continuamente, también reaccionan así ante las marcas de esa misma imagen: los pañales, los hábitos  (acostarse pronto), las pérdidas de memoria, los ataques de oscuridad… y ante otro de los elementos de horror como es la negación de la propia imagen. Los intentos de la abuela de ahogarse, pero también el hecho de que Becca no se mire al espejo donde la evidencia del paso del tiempo condena definitivamente.

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Déborah García Sánchez-Marín

 

LO AUSENTE  

tumblr_nrweh11QGD1rpxkmvo1_400El simbolismo ocupa en Shyamalan un lugar privilegiado. Con maestría construye un horror escurridizo que desea escapar de las imágenes crepusculares. Me siento atraído por una luz invisible que articula una cualidad única en su cine, no sería capaz de describirla, no del todo, pero emana una trascendencia fascinante.

Lo hallamos en los planos de manos entrelazadas de esa comuna sanguínea que ayuda a drenar el corazón de una pantalla de colores primarios, de vapor, de goce omnisciente. La presencia infantil tiene para el director un alto valor representacional, casi una evolución obsesiva que alimenta y da energía al discurso de toda su filmografía.

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Sin embargo aunque los niños han estado siempre presentes en su cine nunca había optado por cederles las riendas absolutas de la narración, no solo como partes del enigma, sino además, como es el caso de The Visit, conductores reales de lo acontecido. Aquí buscando esa doble digresión de la realidad y elevando la puesta en forma a un nivel mayor de metacine, deja que sean ellos, los niños, los que adopten el control tanto del lenguaje como del discurso. Además el cineasta busca la invasión del espacio usando el tercer punto de vista de una cámara que mantiene fija a modo de siniestro estado de invisibilidad. Shyamalan logra acontecer fantasma tras el objetivo aceptando desaparecer esporádicamente ante nosotros.  

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The Visit, al igual que muchas obras del realizador, está sujeta a un impacto emocional de abandono. Una figura paterna que inesperadamente rompe con el núcleo familiar y deja heridas por cerrar sobrevenidas por un intenso dolor. Por ello y a través de ello la película habla de una ruptura que supone un grave punto tumblr_nvlce8SS5k1tsy6uyo1_400de inflexión en los pilares tanto del crecimiento de los hijos como de la madre.

Con una sensibilidad paralela a las inquietudes de Spielberg (cineasta que demanda el papel de maestro zen sobre la manifestativa poética de Shya), la historia presentada en The Visit profundiza en estas ausencias familiares a la vez que descifra cuestiones sensibles al miedo de los protagonistas.

Ese sentimiento contradictorio de amor/odio flota eludido en los diálogos directos a cámara de Becca y Tyler donde se siembran mecanismos, o pistas que finalmente acaben desembocando catárticas en este y en cualquiera de los desenlaces del cine de Shyamalan(1).

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La importancia de desnudar los miedos conlleva también afrontarlos, por ese camino de la monstruosidad natural del cambio The Visit transforma de manera progresiva los limites de un horror lejano, del otro, hacia los de un horror propio que nos cuesta reconocer.  

tumblr_nvevcesSp31tsy6uyo1_400El autor soporta la etiqueta que lo ha sacrificado en muchas de sus obras (el malabarismo) para darle al consabido giro argumental un matiz engañoso de auto consciencia. Es más, sin necesidad de haber tomado ese camino – lo veo una nimiedad, un detalle que como en tantos otros quiebros del autor no alteran para nada la lectura o reflexión central del filme – la película ofrece una autónoma y alarmante tesis acerca del destierro cotidiano, de la vulnerabilidad, destapando una intrigante teoría acerca de la culpa y el perdón.

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El filme maneja con gran sentido del humor el volumen metaartístico del espectáculo, enfrentando y superponiendo dos estilos, dos registros distintos con respecto al audiovisual. Una, la de Becca pernocta en el clasicismo mientras la de Taylor en la contemporaneidad del lenguaje YouTube y la televisión. Inteligente Shyamalan combina en ellos la relación implícita con los avatares de una industria mecanizada que nunca ha entendido del todo su creatividad.

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La escena prodigiosa donde Becca es interpelada por su hermano a reconocer sus temores nunca te miras en el espejo” somatiza el acercamiento de una cámara molesta que en un zoom pausado opta por desenfocar los fondos dejando al rostro (el del miedo) desamparado y solo en el vacío. Una imagen que describe nuevamente el significado de lo ausente en el genuino pensamiento fílmico de Shyamalan.  

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(1) Los finales de Señales y The Visit se parecen, pero son algo más que accidentales, albergan una clara correspondencia teórica con arreglo a la voluntad nativa del director, como si lo verbalizado ocluyese desarticulando los misterios y empujase a una gran consumación, a un clímax lujuriante.        

 

David Tejero Nogales 

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